cabecero4

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martes, 24 de diciembre de 2013

¿Derecho a decidir o derecho a la vida?


En el debate del aborto las ideas enfrentadas están clarísimas. Quienes defienden el aborto dicen que es la propia mujer embarazada la que debe tomar la decisión, independientemente de las ideologías de otros. Quienes se oponen dicen que es un atentado contra la vida, y que como todo homicidio debe ser penado.

La gente que se opone al aborto suele decir que la vida comienza con la concepción, mientras que la gente que lo apoya dice, en general, que un feto no es un ser vivo, y que será un individuo con derechos en el momento en que nazca, y no antes, tal y como se contempla en nuestra legislación. El debate sobre cual es el momento en el que se origina la vida, y lo digo como biólogo, no tiene mucho sentido, por el simple hecho de que el desarrollo embrionario no es un proceso instantáneo. Habrá quien pueda decir que la vida comienza con la fecundación, quien diga que la vida tiene valor tras la formación de un sistema nervioso que permita al feto tener sensaciones… Existe incluso un posicionamiento que consiste en oponerse al aborto en el caso en que el feto sea lo suficientemente grande como para que se requiera una fetotomía (intervención que consiste en trocear al feto para después extraer los fragmentos con mayor facilidad).

Ante la imposibilidad de consensuar a partir de qué momento es inmoral interrumpir el desarrollo del feto, lo mejor es dejar la decisión a la embarazada. Estamos en una sociedad machista en la que a alguna gente le puede parecer normal decirle a las mujeres lo que deben hacer, pero eso no debe ser así en una sociedad que quiera llamarse civilizada. Sin embargo, el machismo también se manifestaba antes de imponer esta nueva ley: muchas mujeres no decidieron sobre su embarazo libremente, sino que sufrieron presiones por parte de su pareja o su familia, tanto para abortar como para no abortar.

Lo que quiero decir es que el problema no desaparece por cambiar la ley. Las mujeres seguirán abortando como lo han hecho desde siempre. El problema es que ahora las que no tengan dinero para abortar fuera de España se verán obligadas a hacerlo con un mayor peligro para su salud. La ley no va a disminuir el número de abortos, no va a salvar vidas, las consideremos vidas o no.  Aquí un artículo muy interesante al respecto.

El problema no se va a solventar eliminando el derecho al aborto, ni reeducando a las mujeres para que se sientan culpables por interrumpir su embarazo. El verdadero problema es que hay quienes creen que el problema es suyo, no de las embarazadas. Y esto se resuelve con la superación del machismo de nuestra cultura, cultura fuertemente influida por ciertas interpretaciones de unos textos religiosos.

En ocasiones resulta interesante acudir a la Biblia y entender ciertos aspectos de nuestra cultura, de nuestro modo de entender las cosas y de resolver nuestros conflictos y dilemas. Desde la misma Biblia puede interpretarse una excepción de la nueva ley: el supuesto de violación. ¿Por qué este gobierno, tan conservador y plegado a los intereses de la Iglesia, se atreve a permitir que mueran los hijos de las mujeres violadas?

Sencillamente, la pobre mujer no se lo merece. No ha sido pecadora y no merece el castigo de ser madre en contra de su voluntad. ¿Por qué la Iglesia le tiene tanta manía a los condones? Porque implica acto sexual sin consecuencia adversa alguna. ¿Por qué se oponen tanto los fundamentalistas religiosos estadounidenses a Marilyn Manson y sus canciones sobre la masturbación? Porque es onanismo, es placer sin consecuencias… No hay que extrañarse de que alguno diga que el SIDA es el justo castigo por una vida de abuso de drogas y promiscuidad homosexual.

Las mujeres que no han sido violadas han de pagar su castigo, han de pagar por sus pecados. Y, por supuesto, han de someterse a la voluntad del hombre, no iba esto a ser una excepción.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Sobre el vídeo “La filosofía de la libertad”



Hablaré de un vídeo de Ken Schoolland que habla de las bases filosóficas del liberalismo, utilizando unos monigotes que establecen diferentes relaciones entre sí. Unas son relaciones deseables, otras no. El vídeo es una herramienta propagandística bastante potente, es sencillo y hace que todo resulte bastante evidente. Incluso la música parece querer despertar algo dentro de nosotros. Esto hace del vídeo un objeto interesante para analizarlo:


Lo primero que salta la vista del vídeo es lo rápido que habla de la propiedad. “La libertad es la propiedad de uno mismo”. La propiedad, a partir de entonces, se simboliza con un símbolo que estará siempre en el interior de los monigotes, al igual que la vida y la libertad. Sin que uno se de casi cuenta, pone estos tres atributos al mismo nivel. La propiedad es así presentada como algo interior, sagrado, puro. Mis bienes materiales son mi propiedad, y son tan puros y valiosos como mi libertad y mi vida...

Presenta la libertad y la propiedad como dualidad fundamental, sin tener en cuenta las contradicciones que hay entre ambos conceptos. La propiedad, por definición, implica una privación de libertad. Poseer algo no es sino tener derechos de exclusión sobre ese algo. Esto quiere decir que se excluye a otros de manera legítima. ¿Qué es tener una finca? Muy sencillo, es tener muros que excluyen a otros. Un territorio con propiedad es un territorio con muros, con ausencia de libertad. Así de sencillo. La contradicción entre propiedad se ve claramente en el debate de las descargas ilegales, por ejemplo.

Se define también la propiedad como “la parte de la naturaleza que tú conviertes en algo de valor”. Esto recuerda a Marx, de hecho es uno de los puntos de partida con los que arranca su teoría del valor, en la que se analiza cómo el trabajador genera valor transformando productos naturales en productos útiles. Por desgracia, en esta sociedad se realiza un robo automático de esa propiedad, ya que los propietarios de las tierras, fábricas… venden sus productos por una cuantía mayor de la que emplean en pagar a sus empleados. Si no lo hiciesen no obtendrían beneficios.

De todos modos los liberales suelen negar la existencia de ese robo. Suelen hablar de robo cuando el estado cobra impuestos. A los ricos suele indignarles mucho pagarlos, a pesar de que son necesarios para garantizar que los demás podamos ir a la escuela o al médico.

Otro aspecto que muestra el vídeo es una simetría entre el intercambio de bienes. Todo parece muy bonito, dos personas intercambian algo y ambas se ven igualmente beneficiadas. Pero esa simetría sólo existe en el mundo de los monigotes. Cuando uno firma un contrato, no negocia con el empresario. Si te pones a exigir, te mandará a la mierda y contratará a algún otro parado, hay muchos. Por eso es una gran idea contratar chavales en el tercer mundo. Si no aceptan cobrar 1 $ al día, mueren de inanición. Pero eh, ellos deciden libremente, si no quieren trabajar se les deja. No es esclavitud, que nadie se confunda.

Con este absurdo, hay hipócritas que dicen cosas como que todo el mundo escoge libremente su trabajo, y que si alguien cobra 400 € trabajando de autónomo para Telefónica, asumiendo riesgos, es porque quiere. Y si alguien se juega la vida cruzando el Sáhara a pie y luego el estrecho en patera, también es porque quiere, no es el hambre la que obliga.

Otro absurdo al que acude el vídeo es a que gente buena da poder a gente malvada, y que eso no debe ser. Atribuir los problemas del mundo a “gente malvada” es infantil incluso para el formato del vídeo. Pero lo mejor es la solución: que la gente “deje de solicitar a los gobiernos el uso de la fuerza en su nombre”.

Supongo que la solución consiste en no votar a nadie. Como si así el poder desapareciese… ( aquí se explica el poder de la abstención). Las guerras con las que se pretende acabar seguirán existiendo. Seguirá habiendo empresas que quieran vender armamento o drogas, empresas que querrán frenar con policías a los que salen a la calle a exigir subidas… Las empresas necesitan del estado, no dejarán que desaparezca.

No hacer nada nunca será una solución. Se rechaza el uso de la fuerza, sólo se justifica en caso de defensa propia. Lo que ocurre es que la fuerza ya se utilizó para acaparar tierras, para formar gobiernos y para amasar riquezas a costa del trabajo de los demás. Lo que plantea el vídeo sería un comportamiento correcto si estuviésemos en un mundo rosa donde reine la armonía. No podremos conseguir un mundo perfecto comportándonos como si ya viviéramos en él. Para cambiarlo hace falta denunciar las injusticias, y luchar por ellas oponiéndose al poder actual, y eso es imposible si persiste esa negativa puramente estética a la necesidad de adquirir poder. Si hacemos ascos a la posesión del poder, los que ahora se están enriqueciendo lo seguirán haciendo tan alegremente.

Incuso aunque se crease ese mundo sin estado, surgirían enseguida conflictos, grupos armados, y se acabarían formando pactos cristalizados en forma de instituciones, que, aunque no serían estados-nación como los actuales, serían orden, serían autoridad y serían estado.

martes, 17 de diciembre de 2013

La abstención: causa, y a la vez solución de todos los problemas de la vida.



Hace poco que Michelle Bachelet ganó las elecciones presidenciales en Chile. Lo hizo con el 62% de los votos. La coalición electoral que lidera, Nueva Mayoría, aglutina al Partido Socialista, al Comunista y al Democristiano, entre otras fuerzas de izquierdas.

La otra cara de la victoria nos muestra que la abstención ha sido del 59%, sumamente alta. Esto en España nunca ha pasado, pero la abstención en las últimas elecciones generales no era tan alta desde el 2000. Un 31% de los votantes se abstuvo.

¿Por qué hay tanta gente que no vota?

Hay gente que simplemente pasa de la política, o bien no la entiende mucho y prefiere dejar las votaciones para la gente que entienda. Los analfabetos políticos no son pocos. Lo más habitual entre la gente es afirmar que todos los políticos son iguales. No importa lo que les expliques, su rebuzno de contestación será siempre el mismo: ¡Todos son iguales! Como decía Bertolt Brecht: “El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.”

No preocuparse por la política, por muy mal que pueda sonar, es no preocuparse de los problemas colectivos. No es una cuestión de preocuparse altruistamente de los demás, consiste en preocuparse de cosas que le afectan a uno mismo, en muchísimos niveles: derechos, jornada de trabajo, salarios, servicios públicos… Si pasas de la política, la política va a pasar de ti. Que luego nadie se extrañe.

Hay otros que, por el contrario, sí se preocupan mucho de sí mismos, pero de un modo infantil, a la par que ridículo: dicen que no votan para que “no les engañen”. No quieren votar a alguien y que luego gane y les decepcione. No quieren sentirse estafados. Ellos prefieren estar en la absurda comodidad del “a mí ya no me engañan”. Están más preocupados de su falso orgullo que del futuro de su gente.

Luego hay un grupo de gente de un perfil más o menos anarquista, que piensa que votar es “legitimar el sistema”. Hay quien piensa que si la abstención es muy alta, los políticos se empezarán a poner nerviosos, y entonces, el sistema acabará derrumbándose, provocando el advenimiento de una nueva era de democracia directa y comunas autogestionarias donde reinará la armonía. No sé en qué cabeza cabe que en España vayan a dimitir todos, cuando las dimisiones en España son un fenómeno cada vez más insólito. Suena muy bien, pero es una fantasía absurda, y que nos sale sumamente cara: estas mismas personas que quieren un sistema más democrático, paradójicamente han conseguido que el PP tenga mayoría absoluta con menos de un tercio del apoyo electoral. Gracias, abstencionistas, por trabajar por la mejora de la democracia.

Sobre el absurdo de estas teorías mágicas, cabe recordar el caso de las elecciones chilenas: un 59% de abstención, y el sistema no se ha derrumbado. Por si fuera poco, es sencillísimo solventar el problema de la abstención. Basta con establecer un sistema de sufragio obligatorio. El gobierno chileno ya habla de que sea así. Adiós utopía.

Camila Vallejo, conocida figura del movimiento estudiantil en Chile y ahora diputada por el Partido Comunista, propone una medida interesante: que se inscriba a todo el mundo de manera automática en el registro electoral, y que si alguien prefiere no votar, que tenga que ir a anular su inscripción. Se frenaría la abstención a la vez que se conservaría el derecho a no votar.

La abstención, le pese a quien le pese, es un posicionamiento. Aunque parezca que uno toma una actitud neutral, y que la decisión no tiene influencia alguna en el resultado, eso no es así. La pasividad consolida las mayorías. Permite que los fuertes sigan siendo fuertes. No tomar partido los beneficia a ellos.

Esto es como lo del pueblo en el que todos saben que hay un vecino que pega a su mujer, pero nadie dice ni hace nada. Así es como todos se convierten en cómplices. No tomar partido es perpetuar la injusticia. “Yo no tengo la culpa, no es asunto mío”. “Yo paso de meterme, bastantes problemas tengo”. No se puede vivir la vida como si fuésemos simples espectadores, como si el mundo y sus injusticias fuesen algo ajeno a nosotros. Somos actores, somos quienes hacen y padecen la historia.

Lo peor de esta gente es que luego se queja, y mucho, de la situación política. No hacen nada y luego lloran, tomando el papel de víctima, cuando el papel que les corresponde es el de culpable. Como decía Antonio Gramsci: "Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas".

No basta con mostrar descontento, no basta con la esperanza para que el mundo cambie. Es importante desear otro mundo, pero es fundamental tomárselo en serio y ser realista. Muchos políticos no son más que personas que luchan por cambiar el mundo, y que saben que las instituciones son otro campo de batalla más, y que no podemos permitirnos el lujo de abandonarlo.